miércoles, 20 de enero de 2021

Las comunidades de Villa y Tierra contarán en la ordenación territorial

 El Adelantado de Segovia. 6-Oct-2020

El vicepresidente de la Junta, Francisco Igea, mantuvo ayer una reunión en la Diputación sobre la reforma de la normativa de 2013, que atenderá las peculiaridades de cada zona y a las administraciones locales

Las comunidades de Villa y Tierra tendrán voz en la reforma de la ley de ordenación del territorial. El vicepresidente de la Junta de Castilla y León, portavoz y consejero de Transparencia, Ordenación del Territorio y Acción Exterior, Francisco Igea, aseguró ayer que la nueva normativa admitirá “las peculiaridades de cada territorio, como en el caso de Segovia, las comunidades de Villa y Tierra, que seguro van a tener un buen encaje en esta reforma de la ley de ordenación del territorio, que esperamos poder llevar a cabo en esta legislatura, antes del verano”.

Igea mantuvo ayer en Segovia un encuentro institucional con el presidente de la Diputación Provincial,  dentro de la ronda de reuniones que está celebrando con todos los presidentes provinciales en torno a la flexibilización planteada por la Junta para que los municipios de Castilla y León puedan conformar mancomunidades de interés general tanto en el ámbito urbano como el rural.

Miguel Ángel de Vicente agradeció la visita de Francisco Igea “porque nosotros siempre hemos creído que la ordenación del territorio se debe hacer de abajo a arriba, teniendo en cuenta las inquietudes, pareceres y realidades de los territorios”. En este sentido, De Vicente aseguró que “tiene que ser trasladada por los ayuntamientos y las diputaciones; por eso, retomar la ordenación del territorio desde la sintonía siempre será bienvenido en esta Diputación”. El presidente provincial ha añadido que “creemos que la ordenación del territorio tiene que ser algo más que la ordenación de los servicios que presta la Junta en el territorio, tiene que ser la realidad de los propios servicios que prestamos, por eso vamos a trabajar y a cooperar con la administración regional para conseguirlo”.

Por su parte, el vicepresidente de la Junta ratificó las palabras de Miguel Ángel de Vicente porque “esta ley de ordenación del territorio está bloqueada desde hace años, porque parecía imponerse de arriba a abajo y no de abajo arriba, y creemos que la política ha de hacerse desde el territorio, hablando y trabajando con los alcaldes”. Lo que se pretende, explicó, es que “asegure unos servicios de calidad y eficientes, por lo que no puede ser algo impuesto sino respetado, trabajado y hablado”.

De un modo más específico, debe recordarse que uno de los objetivos es modificar los espacios territoriales –sobre todo, los rurales–, que deberán reunir una serie de criterios, y que constituirían la referencia espacial y el parámetro básico para efectuar la ordenación territorial en la que deberían converger progresivamente los servicios públicos prestados por la Junta. Al mismo tiempo, se plantea la constitución efectiva de las mancomunidades de interés general, tanto urbanas como rurales, fruto de la asociación voluntaria de municipios para la gestión común de servicios y obras de interés local.

Por otro lado, el pasado mes de agosto, el director general de Ordenación del Territorio y Planificación, Antonio Calonge, que también estuvo presente en la reunión, junto al vicepresidente de la institución provincial, José María Bravo, el diputado de Acción Territorial, Basilio del Olmo y el delegado territorial de la Junta, José Mazarías, remitió una carta a todos los alcaldes de localidades de más de 20.000 habitantes de Castilla y León, para anunciarles algunas de las medidas de flexibilización de la actual LORSERGO –Ley 7/2013, de 27 de septiembre, de Ordenación, Servicios y Gobierno del Territorio de Castilla y León- para que se agilice la constitución y puesta en marcha de mancomunidades de interés general.

El vicepresidente regional expuso que “las facilidades que ahora propone el Gobierno autonómico presentan una doble vertiente. Por un lado, que una mancomunidad de interés general rural pueda estar encabezada por un municipio del área funcional estable, sin tener por qué quedar bloqueada la iniciativa en el caso de no haber interés manifiesto por parte de aquel de mayor población, si bien su incorporación conllevaría la reconsideración de dicha MIG como urbana y poder acceder así a los beneficios derivados de tal cambio. Y, por otro lado, se valora la realización de modificaciones legales para que una mancomunidad de interés general urbano quede conformada por el municipio de mayor población y un porcentaje de los municipios colindantes”.

martes, 5 de enero de 2021

Santos segovianos para tiempos de pandemia: Alfonso Rodríguez

JESÚS FUENTETAJA SANZ -  El Adelantado de Segovia -1 noviembre, 2020



San Alfonso Rodríguez, Catedral de Segovia. Kamarero.

Pretendía escribir hoy sobre otras cuestiones, con las que pudiéramos olvidar momentáneamente el calvario en el que estamos sumidos y en donde parece imposible dar comienzo un artículo, sin hacer referencia a lo que el lector espera leer, aunque no le queden apenas ya ganas, ni siquiera intenciones para hacerlo; saturado, como debe estar, con la sobreabundancia de información acerca del innombrable mal, que sigue sobrevolando con su amenaza sobre nuestras cabezas. También posiblemente cansado de no entender las decisiones que vienen adoptando nuestros dirigentes, que cada vez dan tanto miedo con lo que hacen, como con lo que intentan evitar hacer ¡que se equivoquen los demás!

Me parecía oportuno distraerme de las preocupaciones que venimos soportando, hablando, por ejemplo, del ciclo festivo de San Frutos, que todos los años nos congrega en el trascoro de la catedral con su célebre villancico y que este año se le ha sacado a pasear al aire ¿más saludable? de la Plaza Mayor. Pero resulta que de San Frutos ya habló y bien el pasado domingo y en estas mismas páginas, el maestro Antonio Horcajo, como suele hacer siempre que nos viene a recordar episodios de la historia de Segovia. Segovia, a la que añora desde su domicilio madrileño, imaginándose con la contemplación de los árboles del Retiro, que son los pinos de Valsaín los que aparecen ante su vista.

Leyendo el documentadísimo artículo de Antonio, caí en la cuenta que al igual que a los seis días de Nochevieja vienen a visitarnos los Reyes, aunque solo para los que seguimos creyendo en ellos; seis días después de San Frutos le llega el turno a otro santo segoviano: Alfonso Rodríguez, que junto a los dos hermanos del eremita: Valentín y Engracia, constituyen todos el cuarteto de nuestra particular hagiografía segoviana, si no incluyéramos en ella a San Geroteo, el primer obispo de Segovia según la tradición, aunque seguramente de origen helénico. El día 31 de octubre celebra la iglesia católica la festividad de San Alonso o de San Alfonso Rodríguez, que de las dos maneras es conocido por tratarse de dos variantes casi imperceptibles del mismo nombre. Fue un 31 de octubre del lejano año de 1617 cuando Alonso/Alfonso cerró los ojos a su vida terrenal en la lejana Palma de Mallorca, a donde su vocación de siervo del Señor le había llevado treinta y dos años atrás, para hacerse cargo como coadjutor de la portería del colegio de los jesuitas de Monte Sión, puesto que por la tardía edad con la que afrontó su vocación religiosa, fue rechazado para recibir las órdenes mayores: “Si no podemos admitirle como sacerdote, admitámosle como santo”, comentó el rector del seminario de los jesuitas de Valencia en donde finalmente recaló, después de no haber sido admitido en el de su Segovia natal y momentos antes de embarcarle para la isla de Mallorca.

La premonición se cumplió y en aquella portería encontró abierta nuestro paisano la puerta por la que se accede a la santidad. Allí se convirtió en el santo de lo cotidiano, de lo que sucede cada día, del servicio diario a la fe que profesó; sirviendo a Dios a través de los demás a quienes trataba como si el mismo Jesucristo hubiera vuelto a la tierra. “Ya voy, Señor”, contestaba a cualquiera que se acercara a llamar a su portería. Fue canonizado el día 15 de enero de 1888 por León XIII, el primer Papa que promulgó una encíclica de contenido social (‘Rerum Novarum’) y después de que concluyera un lento proceso de beatificación, retardado por los enfrentamientos surgidos por entonces entre los jesuitas y el Papado, que acabarían con la supresión de la Orden por Clemente XIV en 1773. Hubo que esperar al restablecimiento de la Compañía por Pio VII, ya entrado el siglo XIX, para que León XII le pudiera proclamar beato el día 31 de julio de 1824, en que se celebraba la fiesta de San Ignacio de Loyola. La ciudad de Segovia celebró con toda solemnidad la subida a los altares de Alfonsus, nombre latinizado con el que aparece en el Decreto de Canonización. ¡Hasta novillos se corrieron en la Plaza Mayor!, sin que faltaran voladores, fuegos artificiales, luminarias y me imagino que tampoco los churros y buñuelos, que aportarían un olor diferente al de la santidad que se celebraba.

Había nacido Alfonso en Segovia en torno al año 1531 y durante algún tiempo vivió en la casa familiar de la plaza de Día Sanz, en donde una placa de cerámica recuerda ahora este hecho. Al producirse la muerte de su progenitor, tuvo que dejar los estudios en Alcalá de Henares para hacerse cargo del negocio de fabricación de paños que regentaba su familia. Luego se casaría y tendría hijos, pero las desgracias se fueron precipitando una tras otra. La crisis del mercado de la lana a mediados del siglo XV, arruinó su negocio; luego fallecerían su mujer y sus hijos y es a partir de aquí cuando brota en él la semilla que había sembrado en su pubertad el cofundador de la Compañía de Jesús, Pedro Fabro, durante su estancia en Segovia. Fabro se habría hospedado en una alquería propiedad de los padres de Alfonso cercana a la ciudad, posiblemente próxima al barrio del Sotillo de la Lastrilla, cuya iglesia está puesta precisamente bajo la advocación del santo. A todas estas desgracias debe añadirse la propia circunstancia de verse obligado a salir de su tierra para poder cumplir su vocación. ¿A que nos suena esto? ¿Cuántos segovianos a lo largo de nuestra historia se han visto obligados a seguir los pasos del santo, para encontrar fuera lo que aquí se les negaba?

La vida y la obra de San Alfonso están fundamentadas en hechos ciertos y verídicos, que no precisan de leyendas ni de tradiciones para fundamentar su contenido. Hace tres años, con ocasión de cumplirse el cuarto centenario de su muerte, la Diócesis de Segovia elaboró un amplio programa de actividades para dar a conocer entre nosotros las bondades de una y otra, que concluyeron con la edición de un libro recopilatorio de más de trescientas páginas y con la instauración de un premio anual que lleva su nombre, que permita reconocer la trayectoria de aquellas personas, que con una labor callada, hubieran dedicado su tiempo a las tareas de colaboración con la acción pastoral de la Iglesia y a favor de la sociedad religiosa segoviana. La entrega del premio se realiza el mismo día 31 de octubre y este año se cumple ya la cuarta edición. En esta ocasión, será entregado, a título póstumo, a los familiares de Pilar Jiménez Huertas, feligresa de Palazuelos de Eresma, fallecida hace unos meses atrás.

Otra distinción se echa en falta, y es que muy bien a San Alfonso/Alonso Rodríguez podrían acogerle como santo patrón protector aquellos segovianos que, como él, emprendieron la égida de estas tierras. Estoy seguro que no encontrarían a nadie que comprendiera mejor sus cuitas. Tampoco estaría de más que el santo del barrio de El Salvador pudiera ayudar temporalmente ahora con esto de la pandemia. Podría convencer a Frutos, Valentín y Engracia, para ir juntos a consultar a Roque, que ya tiene experiencia en estas cosas y podría aconsejarles cómo proceder mejor para la ocasión.