miércoles, 1 de septiembre de 2021

Castellano

Jesús Fuentetaja, El Adelantado de Segovia, 31 de Mayo de 2021.

Una agradable sorpresa editorial ha constituido la reciente publicación de “Castellano”, el último libro del prolifero escritor Lorenzo Silva. Estas cuatro sílabas son suficientes para despertar el interés del lector, sobre todo si comparte el mismo sentimiento identitario con el creador de los personajes de Bebilacqua y Chamorro, celebres investigadores ficticios de la Guardia Civil, protagonistas de la saga de novelas policiacas más conocidas de su autor. Porque el libro, en realidad trata de eso, de identidades, pero de la identidad menos popular de España, la menos reivindicada, la más vilipendiada y la más olvidada, como así ha considerado el propio Silva, en alguna de las entrevistas que ha venido concediendo en la promoción de su última obra. Versa ésta sobre la confusa situación histórica del pueblo castellano, dejando constancia del maltrato al que ha sido sometido y que se inicia con el relato novelado del levantamiento de las Comunidades de Castilla, cuyo quinto centenario de la derrota comunera estamos este año conmemorando y no celebrando, porque ninguna derrota debiera ser jamás celebrada.

No deja de sorprender gratamente, que esta postrera reivindicación proceda precisamente de alguien que ha tenido a gala mostrarse como un ciudadano del mundo, sin ataduras localistas que pudieran condicionar sus sentimientos. En los Hechos de los Apósteles, se narra la aparición que sufriera Saulo, camino de Damasco y que transformaría radicalmente su vida para siempre. Cuenta Lorenzo Silva, en las primeras páginas de su libro, como llegó hasta él la inspiración que le hiciera tomar plena conciencia de la identidad castellana a la que pertenece por su origen madrileño. Sucedió en un viaje nocturno por carretera, en cuyo trayecto introdujo de forma inconsciente en el reproductor del vehículo, uno de los CD que había adquirido no hacía mucho. Antes de que entraran los agudos sones de la dulzaina de Mariano San Romualdo (Silverio), como preludio al disco de Los Comuneros, vino a retumbar en el coche la impetuosa voz de Luis Martín, que con plena rotundidad proclamaba: “Tu, tierra de Castilla, muy desgraciada y maldita eres, al sufrir que un tan noble reino, como eres, sea gobernado por quienes no te tienes amor”. Fueron las voces del Nuevo Mester de Juglaría, cantando los textos de Luis López Álvarez, las que despertaron a Lorenzo Silva, en su dormida conciencia, la pertenencia sentimental al depauperado proyecto colectivo del pueblo castellano.

Algunas reflexiones parece oportunas añadir, aprovechando el tirón informativo del libro de rabiosa actualidad. Personalmente, siempre he considerado que el llamado regionalismo castellano, más que constituir una necesidad interior que precisara emerger y expresarse de dentro hacia fuera, se ha manifestado casi siempre, como una reacción frente a la acción proveniente del exterior, de manera especial frente a las reivindicaciones de los nacionalismos periféricos. Esta reacción provocó en el último tercio del siglo XIX las propuestas regionalistas de organización territorial de España del leonés Gumersindo de Azcarate; que también estuvieron presentes en las obras del cántabro afincado en Valladolid, Macías Picavea; del farmacéutico soriano Elías Romera y en menor medida en la del ingeniero segoviano Luis Carretero y Nieva, que compartía su oposición a las reivindicaciones autonómicas catalanas, con su enfrentamiento visceral con las oligarquías harineras de las provincias leonesas. Fue, precisamente, la intervención de Cambó en el Congreso de los Diputados del día 20 de noviembre de 1918, solicitando la autonomía para Cataluña, lo que provocó la reacción de las Diputaciones castellanas, que después de una primera reunión en Burgos, vinieron a redactar y aprobar el día 25 de enero de 1919 y en la sede de la Diputación segoviana, lo que se conoce como las Bases de Segovia, en donde venían a oponerse radicalmente a la desmembración del país, al mismo tiempo que intentaban implantar una nueva organización territorial para Castilla, basada en la autonomía de sus municipios y provincias y a la posterior mancomunidad de estas últimas en plena igualdad de derechos y obligaciones.

“Ha sido Castilla quien ha perdido la batalla y no me refiero únicamente a la derrota de Villalar”

La identidad y el regionalismo castellano han sido siempre elementos integradores del todo constitutivo de la realidad española. Nunca se ha entendido a Castilla sin España y viceversa. Así ha sucedido que los palos de los secesionistas dirigidos a esta última se hayan venido descargando sistemáticamente sobre las espaldas de la primera. Ha sido Castilla quien ha perdido la batalla y no me refiero únicamente a la derrota de Villalar. El desarrollo del Título VIII de la Constitución de 1978, ha traído como consecuencia que se hayan aventado a los aires autonómicos los despojos en cinco partes de la otrora poderosa Castilla, que hace quinientos años intentó hacer comprender a su rey que el reino debía estar siempre por encima de él, y que no merecía ser rey aquel que antepusiera sus intereses personales a las necesidades de su pueblo. Es aquella identidad castellana la que ha sido ahora atacada con el arma más temible: la de la disgregación de su razón de ser ¿Cómo se puede sentir una identidad común entre los naturales de las actuales autonomías de Cantabria, La Rioja, Castilla y León, Madrid y Castilla-La Mancha, todos castellanos en su origen histórico? ¿Se podría volver la oración en pasiva? ¿Qué pasaría si pudieran unirse de nuevo las piezas en que se rompió el puzle, con una Castilla fuerte, aprovechando el eje principal de Madrid y con la salida al mar de Cantabria? Pues que posiblemente sería el mejor antídoto contra las sediciones que no cesan. Al reclamo del conocido tópico de: “Castilla entera se siente comunera”, se añadiría el de: “Castilla unida, ni vieja ni nueva”. En esa Castilla, ahora utópica, jamás se habría producido el intento no menos utópico de Segovia para acceder a su autonomía provincial, convertida hace cuarenta años, por mor de las circunstancias, en el Pepito Grillo de la España autonómica.

En cualquier caso, mil gracias Lorenzo, por venir a blandir tu lanza en forma de pluma, con la que asumes tan esplendida como caballerosamente la defensa de un ideal, tan necesario para los castellanos como incomprendido por aquellos que no sienten amor por esta tierra.

martes, 31 de agosto de 2021

El Cerro de los Moros (Fernando Sánchez Dragó)

 

El Cerro de los Moros

Fernando Sánchez Dragó

Salvajada en ciernes. Está en marcha, aunque quizá aún sea posible detenerla.

En Soria, la capital del alto Duero, la cabeza de Extremadura, la noble villa de los Doce Linajes, están a punto de levantar en las faldas del monte de su castillo, frente a la ermita de San Saturio, en el cogollo de la curva de ballesta cantada por Antonio Machado, treinta bloques de edificios de seis plantas que servirán de conejera a mil trescientas sesenta viviendas. Casi nada. Se dice pronto. Cuesta trabajo creer que a estas alturas, después de tanto gorjeo y cacareo sobre la España Vaciada, pueda asestarse semejante cuchillada al corazón de uno de los enclaves paisajísticos, históricos, religiosos, legendarios, literarios, monumentales y sacramentales más significativos de nuestro devenir, de nuestra geografía y de nuestro imaginario.

Esa zona se llama Cerro de los Moros, topónimo del que nadie hablaba hace cosa de un año. Yo, por ejemplo, no lo conocía. Ahora lo conocen todos los sorianos. Cunde entre ellos el estupor y la indignación. No es para menos. El vecindario poco a poco se moviliza. Se han recogido ya ocho mil firmas con el propósito de llegar cuanto antes a las diez mil. Los sorianos de pro están dando la cara. Somos ya muchos los que, pluma en ristre, adarga antigua y lengua en astillero, nos estamos sumando a la protesta, firmamos manifiestos, elevamos instancias a las autoridades, publicamos artículos, ejercemos el derecho al pataleo y denunciamos la fechoría en la prensa, en la radio, en la televisión y en todas las tribunas puestas a nuestro alcance. 

¿No es un delito contra la tan discutible y discutida ley de Memoria Histórica permitir que la voladura del Cerro de los Moros llegue a término?

Llueve sobre mojado. Muy a finales de los años setenta a punto estuvo de suceder algo similar en el mismo paraje. Fue bajo el primer gobierno de UCD. Los ministerios de Cultura y de Obras Públicas, con el apoyo de las instituciones comarcales y municipales, aprobaron el tendido de una ciclópea y sofocante carretera de circunvalación que rodearía la ciudad y sobrevolaría (y sobreviolaría… Consiéntaseme el neologismo) el cauce del Duero entre el yacimiento templario de San Polo y la ermita de San Saturio, patrono de la ciudad. Soria entera y verdadera, hija de numantinos y termestinos, se convirtió en émula de Fuenteovejuna ante la inminencia de tan atroz desmán, cerró filas, borró diferencias, se encampanó, recurrió a la prensa, salió a la calle y se echó al monte –en el sentido casi literal de la expresión– para defender la integridad estética y ética, cultural y popular, literaria y legendaria,   folclórica y fiestera, del  conjunto geográfico y monumental que encandiló a Bécquer, a Machado, a Gerardo Diego, a Juan Antonio Gaya Nuño, a Clemente Sáenz y su descendencia, a Heliodoro Carpintero, a Julián y Javier Marías, a Peter Handke, a Santos Sanz Villanueva, a Emilio y Antonio Ruiz, a Manuel Villar Raso, a Avelino y Abel Hernández, a Carmelo Romero, a Juan José Peracho, a Julio Llamazares, a José Ángel González Sáinz, a Pelayo del Riego, a quien esto escribe y a tantos otros. Discúlpenme los que no menciono. No hay voluntad de ofensa ni de olvido.

La carretera, al cabo, no se construyó. Las autoridades políticas dieron la batalla por perdida y optaron por otra solución menos carnívora para el paisaje y para el paisanaje.

De no hacerse así me atrevo a proponer que el día 2 de octubre, festividad de san Saturio, Soria vuelva a salir a la calle, y yo con ella

Menester es que volvamos a hacer lo mismo. En esta ocasión, por lo que sé del asunto, el problema no es de malévola intención por parte de quienes tienen mando en plaza, sino meramente judicial, pecuniario y administrativo. Parece ser que en su día se adjudicó a una empresa constructora y promotora, de  ésas que tanto abundan al calor de las burbujas y los estertores inmobiliarios, el derecho, previo pago, a edificar en la zona de autos el barrio ahora puesto en solfa y que para impedirlo y salvaguardar la virginidad del monte amenazado bastaría con desembolsar cuarenta millones de euros. No es una cantidad inabordable en días de tanto dispendio como los que corren. Pónganlos el gobierno central o autonómico, la alcaldía, la Diputación, la Mancomunidad, la Banca, la Caja Rural, cualquier fundación, los filántropos de bolsillo lleno, los millonetis más o menos locatis, los partidos, el Obispado, Bruselas o el lucero del alba, pero póngalos alguien. ¿No es un delito contra la tan discutible y discutida ley de Memoria Histórica permitir que la voladura del Cerro de los Moros llegue a término? ¿Va la Unión Europea, que tanto presume de ecologismo y ambientalismo, a mirar al tendido desentendiéndose del toro que está en el ruedo?

De no hacerse así me atrevo a proponer, desde esta atalaya periodística, que el día 2 de octubre, festividad de san Saturio, Soria vuelva a salir a la calle, y yo con ella, y protagonice una pacífica asonada. Dicho queda. Difícil será que las personas de bien o los partidos políticos, unánimes por una vez, se opongan a esa iniciativa, que redundará en beneficio de todos y a nadie, por vía de indemnización y escrupulosa observancia de lo notarialmente acordado, perjudicará.

Posdata – Terminado ya este artículo y enviado a La Gaceta me informan algunos amigos de que el proyecto está prácticamente en vía muerta, de que en el Ayuntamiento se disponen a resolverlo con el carpetazo de rigor y de que los responsables de la empresa constructora se resignan a dar la batalla por perdida y zanjado un acuerdo que se remonta a muchos años atrás. No estoy en condiciones de verificar la información por mucho que me fíe de los amigos que me la transmiten, pero ojalá estén en lo cierto y el conflicto sea ya tan sólo una pesadilla que se desvanece.

lunes, 8 de febrero de 2021

“Segovia fue hacia la uniprovincialidad en legítima defensa”

 Entrevista a Jesús Fuentetaja Sanz, Jurista, investigador histórico y autor del libro ‘La Utopía de Segovia’

Marcelo Galindo -31 enero, 2021 - El Adelantado de Segovia.



Jesús Fuentetaja ante la estatua del comunero Juan Bravo. / N. Llorente

Aunando sus dos pasiones, la jurídica y la histórica, Jesús Fuentetaja Sanz ha puesto negro sobre blanco a uno de los momentos cruciales en la historia de Segovia, que fue el frustrado intento de conseguir la autonomía uniprovincial.

‘La utopía de Segovia’ es el libro que plasma el relato histórico escrito por un testigo presencial que vivió en primera persona el devenir de los acontecimientos que, en plena eclosión del sistema autonómico actualmente en vigor, estuvieron a punto de unir a la provincia en el mismo destino que otras como Santander, La Rioja o Murcia, pero los avatares y presiones políticas de la época frustraron este intento.

Editado por Librería Cervantes, el libro reúne datos, documentos e informes que desvelan las claves de aquellos hechos que ya forman parte de la historia de la provincia.

— Se ha escrito mucho sobre esta aventura uniprovincial que usted llama la “utopía de Segovia”. ¿Qué aporta este libro al conocimiento de este hecho?

­— Sobre todo, lo que creo es que aporta información y un enfoque distinto al que se ha venido manteniendo hasta ahora. Porque los enfoques historicistas que se han hecho hasta el momento han sido basándose en las consecuencias de un proceso que muere con la declaración de autonomía, pero que viene de atrás.

Así, se han centrado en el hecho de por qué Segovia iba hacia la uniprovincialidad y la conclusión es que se encaminaba a un sitio a donde no se podía ir y que cuatro pelagatos como los segovianos pretendían ser algo distinto a lo que deberían ser, y han venido a decirnos lo equivocados que estábamos. El análisis académico y doctrinal ha sido ajeno a nosotros por personas que proceden del otro lado del Duero, y yo quiero aportar una visión desde dentro, de alguien que lo vivió asépticamente, porque en ese momento era un administrativo de la Diputación que por mi mano pasaron todos los documentos que tramitamos, y archivamos.

Ahora estamos donde estamos, no podemos salir de ello, pero tenemos derecho a conocer la historia y a contar la historia de porqué estamos aquí, basada en hechos reales, ciertos y contrastados.

En el libro cuento una anécdota sobre el acta del pleno de la diputación del 31 de julio de 1981 que acordó el inicio del proceso autonómico. En esa época las vacaciones de agosto en los funcionarios eran sagradas porque no había ‘moscosos’, y el secretario de la Diputación no contaba con el acta transcrita de las intervenciones del pleno, y hasta que no las transcribimos con un magnetófono de ocho pistas del que yo era encargado, no podía irse, pero se fue unos días después. El presidente de la Diputación preguntó por el acta y le dijimos que estaba sin terminar por las vacaciones del secretario y ordenó que nos trasladáramos a Pontevedra con un conductor en un largo viaje de varias horas en un ‘Supermirafiori’ hasta su lugar de descanso un viernes por la tarde, con el consiguiente enfado del secretario, que tuvo que validar el acta del pleno porque el lunes quería trasladarlo a los ayuntamientos, y quería tramitarlo cuanto antes para que no pasara el plazo de seis meses.

Cuento esto porque es un proceso en el que me comprometí personalmente por mi trabajo, y por ello poseo información básica, y siempre he tenido presente que tenía que hacer algo con esto, por mi formación jurídica e histórica. Llegué a pensar en hacer una tesis doctoral, pero este libro me ha dejado tranquilo porque he cumplido con algo que llevaba años pendiente.

— En el caso de Segovia, el inicio del proceso autonómico ¿fue una decisión provinciana o provincialista?

­— Yo creo que fue una decisión provincialista. Uno de los objetivos era potenciar los municipios y las diputaciones. El abandono de los parlamentarios de UCD del Consejo General de Castilla y León se interpretó como una salida de pata de banco o una pataleta porque nadie salió a recibirlos en Burgos, pero lo cierto es que se hizo a una hora tardía y con retraso. Las relaciones venían desgastadas porque UCD en una asamblea general acuerda la aprobación de unos requisitos para participar en el proceso autonómico, que eran el respeto a la autonomía de los municipios, la potenciación de las diputaciones y el respeto a las comunidades de villa y tierra con principios de igualdad en la representación y solidaridad interterritorial entre las provincia. Con ello, estaban proyectando las bases de Segovia provincial, que ya pretendía una mancomunidad de diputaciones en 1919, que no era muy desencaminado con el informe de los expertos, aunque finalmente dan otras instrucciones que para nada se cumplieron.

La junta ha tratado muy mal a Segovia en este tiempo, la fidelidad de Segovia no ha sido correspondida por los gobiernos regionales a lo largo de la historia de la Comunidad

— Pero daba la impresión que Segovia remaba contracorriente en un proceso de eclosión del estado autonómico y como algo negativo.

­— Y así era. Así sucede cuando te opones a quienes quieren imponer una decisión que no respeta la voluntad de adonde queremos ir. Segovia siempre ha sido parte de Castilla y la castellanía de Segovia no se ha puesto en duda en ningún momento, pero la Castilla histórica que estaba integrada en el Estado de las autonomías queda rota por todos los lados, y sus trozos se desperdigan hacia el norte: Santander y Logroño se van, Madrid queda solo, y eso rompe muchos esquemas que llevan a preguntarse por qué nosotros nos dejamos llevar a un sitio en donde no sabemos si queremos o no queremos estar, y teníamos la duda razonable de cual era la mejor opción para asociarnos.

De hecho, los acuerdos de la Diputación no era el de ir solos, porque el desarrollo autonómico era incipiente y muy distinto al actual modelo, y lo que pedíamos era tener transferencias y poder hacer pactos y acuerdos de colaboración, mantener una independencia para decidir, y después asociarte, pero nunca quedar solo. Así, Modesto Fraile, al defender la ley de integración dijo: “no hemos estado defendiendo la uniprovincialidad, que fue un paraguas que se puso para evitar que pactos políticos llevaran a Segovia donde la constitución prohibía que fuera”.

Finalmente no salió porque el Ayuntamiento de Segovia y su alcalde López Arranz se pasó al otro lado. En marzo de 1980 adopta el acuerdo de abstenerse de participar en este proceso, y un año después cuando la Diputación iba a iniciar el proceso autonómico, hubo un pleno municipal con una moción socialista para pedir a las Cortes de Castilla y León la integración de Segovia al amparo del 144, y López Arranz con otros tres concejales votaron a favor de ello, por lo que el acuerdo de la Diputación nacía muerto.

Fue una puñalada de pícaro o una puñalada trapera. El PSOE tenía una estrategia de partido y cumplía las instrucciones a rajatabla, y en UCD, antes de parlamentarios de partido eran parlamentarios de su tierra, y el propio Modesto Fraile se jugó su carrera política.

La estrategia del PSOE era presentar mociones en los grandes ayuntamientos para evitar la mayoría de los ayuntamientos y del censo. A Cuéllar se le puso entre la espada y la pared, lo que provocó una reacción entre los vecinos que no querían romper lazos con Valladolid, la izquierda se organizó un acto días previos en el cine la Muralla de apoyo a la integración, con la participación del Mester. Y hubo un revuelo tremendo que obligó al alcalde a retractarse de su decisión, y finalmente dio marcha atrás.

— De este modo, la lucha por la uniprovincialidad ¿fue una causa o una consecuencia?

­— El proceso autonómico uniprovincial fue una consecuencia; a la uniprovincialidad se fue en defensa propia, en legítima defensa. Cuando se confirmó el informe de los expertos en 1981, que eran excelentes administrativistas, decidieron que el proceso autonómico no se podía parar, no había tiempo para meditar, y que pasaba de ser voluntario a ser obligatorio y que el que no se hubiese incorporado tenía que entrar por la fuerza.

Y cuando se inició el proceso autonómico, Segovia dijo ‘quietos y a esperar’, porque no sabíamos que nos interesaba más, si estar en Castilla y León, con Madrid o solos respetando nuestra identidad; el 143 daba cinco años para poder madurar esta decisión.

Después, el pacto UCD-PSOE determinó que Segovia tenía que integrarse a Castilla y León porque sí, y la UCD, a excepción de los oficialistas, dice que a la fuerza no, y por ello decidieron iniciar el proceso uniprovincial.

Segovia demandaba tiempo para pensar, no tenía claro si tenía que ir con Castilla y León o con Madrid. En 1976 hay un precedente con la creación de la comisión interadministrativa para la creación de una entidad económica y no política en torno a la región centro que incluía Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Ávila y Segovia con el fin de que los beneficios económicos de Madrid se expandieran en estas provincias, mientras que estas provincias aportan territorio; pero se quedó en agua de borrajas pero la gente en Segovia se quedó con ello.

Por razones históricas, hasta 1833 un tercio de la provincia de Madrid era de Segovia. Muchos ayuntamientos pertenecen ahora a la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia, y lo llevan en su escudo, y en el escudo de la antigua provincia de Madrid está el acueducto de Segovia. El mercado segoviano va a vender sus productos a Madrid; las empresas y los empresarios tienen relaciones con en Madrid.

Es importante saber dónde está el cambio de ritmo en este proceso, y es el 23-F el que cambia el paso. Con ocasión del Golpe de Estado, para intentar calmar a los militares se les dijo que el proceso autonómico no iba a separar a las regiones sino que íbamos a pasar de un estado centralista a uno autonómico, y en ese sentido era café para todos. Lo que antes era un derecho se convierte en un deber por el interés nacional subyacente para garantizar que España no se va a romper.

Por ello, el tiempo de Segovia para reflexionar se terminó, y no pasó nada distinto a otras provincias como Almería, donde se inventaron una ley que sustituía la voluntad popular por lo que decidieran sus representantes.

El comportamiento de la Junta con Segovia se asemeja mucho al que tuvo Carlos V con los nobles comuneros que apoyaron a Juan Bravo

— Segovia nunca ha sido bien tratada por los gobiernos regionales en su historia. ¿Se nos pasa factura por este conflicto?

­— Es posible. Yo a mis allegados les digo que el comportamiento de la Junta con Segovia se asemeja mucho al que tuvo Carlos V con los nobles comuneros que apoyaron a Juan Bravo, que no solo les quitó sus haciendas, sino que desmochó sus escudos de armas, dejando su marca.

La Junta ha tratado muy mal a Segovia en este tiempo, la fidelidad de Segovia no ha sido correspondida por los gobiernos regionales a lo largo de la historia de la comunidad.

En Burgos está la sede del TSJ, en León la del Procurador del Común y el Museo de Arte Moderno, en Palencia el Consejo de Cuentas, en Zamora el Consejo Consultivo y el Museo Etnográfico, en Salamanca está la filmoteca y en Segovia no hay ninguna, solo el centro ecuestre; no sé con qué sentido si para enseñarnos a ser jinetes o a ser montura.

¿Cómo nos hubiera ido a Segovia siendo uniprovincial? Yo tengo una formación jurídica e histórica, pero no tengo vocación de ser adivino, no lo sé, pero lo que sí que sabemos es cómo estamos ahora, cada segoviano debe pronunciarse si se considera bien tratado por la Junta.

Han venido muy poquitas cosas a Segovia e incluso instalaciones y edificios de la Junta que les llegaron del paquete de transferencias del Ministero de Cultura se han negado a Segovia.

— En la actualidad, hay partidos regionalistas o provinciales que tienen representación parlamentaria o incluso responsabilidades de Gobierno en sus regiones. ¿Esto sería posible en Segovia? ¿De qué dependería su éxito?

­— Si lo hacen ahora y lo abanderan con proyectos como un segundo hospital o la radioterapia, no lo sé… no soy adivino, teniendo en cuenta los precedentes de dónde venimos y lo que nos está pasando. En Segovia nos dio fama la lana de las ovejas merinas, pero ahora los segovianos nos estamos comportando como borregos, vamos a donde nos llevan y con muy poca respuesta ciudadana, agachamos la cabeza.

La partitocracia parece que se ha roto para bien o para mal, pero no sé si habría mercado para todos. No creo que fuera una fuerza dominante pero podría tomar decisiones contando con ellos, como en el actual gobierno estatal. Una fuerza política seria, que no quiera vivir de la política, podría ser posible en un primer momento, pero entrarían en la dinámica de cualquier partido, me temo.

Castilla y León es una región basada en un hecho geográfico que es la cuenca del Duero, de Valladolid, que está en el centro, necesita que en su seno aflore un poder político que atraiga el económico y precisa de un amplio territorio donde ejercer el primero para administrar el segundo. Creo que no hay sentimiento regional castellanoleonés, o te siente castellano o leonés, y eso es un poco lo que está forzado desde Valladolid.

martes, 2 de febrero de 2021

La Utopía de Segovia ya a la venta



541 páginas. Precio: 20 Euros.

A la venta en Librería Cervantes: Calle Cervantes 14, 40001 Segovia.

Por Internet:  https://libreria-cervantes.com/

miércoles, 20 de enero de 2021

Las comunidades de Villa y Tierra contarán en la ordenación territorial

 El Adelantado de Segovia. 6-Oct-2020

El vicepresidente de la Junta, Francisco Igea, mantuvo ayer una reunión en la Diputación sobre la reforma de la normativa de 2013, que atenderá las peculiaridades de cada zona y a las administraciones locales

Las comunidades de Villa y Tierra tendrán voz en la reforma de la ley de ordenación del territorial. El vicepresidente de la Junta de Castilla y León, portavoz y consejero de Transparencia, Ordenación del Territorio y Acción Exterior, Francisco Igea, aseguró ayer que la nueva normativa admitirá “las peculiaridades de cada territorio, como en el caso de Segovia, las comunidades de Villa y Tierra, que seguro van a tener un buen encaje en esta reforma de la ley de ordenación del territorio, que esperamos poder llevar a cabo en esta legislatura, antes del verano”.

Igea mantuvo ayer en Segovia un encuentro institucional con el presidente de la Diputación Provincial,  dentro de la ronda de reuniones que está celebrando con todos los presidentes provinciales en torno a la flexibilización planteada por la Junta para que los municipios de Castilla y León puedan conformar mancomunidades de interés general tanto en el ámbito urbano como el rural.

Miguel Ángel de Vicente agradeció la visita de Francisco Igea “porque nosotros siempre hemos creído que la ordenación del territorio se debe hacer de abajo a arriba, teniendo en cuenta las inquietudes, pareceres y realidades de los territorios”. En este sentido, De Vicente aseguró que “tiene que ser trasladada por los ayuntamientos y las diputaciones; por eso, retomar la ordenación del territorio desde la sintonía siempre será bienvenido en esta Diputación”. El presidente provincial ha añadido que “creemos que la ordenación del territorio tiene que ser algo más que la ordenación de los servicios que presta la Junta en el territorio, tiene que ser la realidad de los propios servicios que prestamos, por eso vamos a trabajar y a cooperar con la administración regional para conseguirlo”.

Por su parte, el vicepresidente de la Junta ratificó las palabras de Miguel Ángel de Vicente porque “esta ley de ordenación del territorio está bloqueada desde hace años, porque parecía imponerse de arriba a abajo y no de abajo arriba, y creemos que la política ha de hacerse desde el territorio, hablando y trabajando con los alcaldes”. Lo que se pretende, explicó, es que “asegure unos servicios de calidad y eficientes, por lo que no puede ser algo impuesto sino respetado, trabajado y hablado”.

De un modo más específico, debe recordarse que uno de los objetivos es modificar los espacios territoriales –sobre todo, los rurales–, que deberán reunir una serie de criterios, y que constituirían la referencia espacial y el parámetro básico para efectuar la ordenación territorial en la que deberían converger progresivamente los servicios públicos prestados por la Junta. Al mismo tiempo, se plantea la constitución efectiva de las mancomunidades de interés general, tanto urbanas como rurales, fruto de la asociación voluntaria de municipios para la gestión común de servicios y obras de interés local.

Por otro lado, el pasado mes de agosto, el director general de Ordenación del Territorio y Planificación, Antonio Calonge, que también estuvo presente en la reunión, junto al vicepresidente de la institución provincial, José María Bravo, el diputado de Acción Territorial, Basilio del Olmo y el delegado territorial de la Junta, José Mazarías, remitió una carta a todos los alcaldes de localidades de más de 20.000 habitantes de Castilla y León, para anunciarles algunas de las medidas de flexibilización de la actual LORSERGO –Ley 7/2013, de 27 de septiembre, de Ordenación, Servicios y Gobierno del Territorio de Castilla y León- para que se agilice la constitución y puesta en marcha de mancomunidades de interés general.

El vicepresidente regional expuso que “las facilidades que ahora propone el Gobierno autonómico presentan una doble vertiente. Por un lado, que una mancomunidad de interés general rural pueda estar encabezada por un municipio del área funcional estable, sin tener por qué quedar bloqueada la iniciativa en el caso de no haber interés manifiesto por parte de aquel de mayor población, si bien su incorporación conllevaría la reconsideración de dicha MIG como urbana y poder acceder así a los beneficios derivados de tal cambio. Y, por otro lado, se valora la realización de modificaciones legales para que una mancomunidad de interés general urbano quede conformada por el municipio de mayor población y un porcentaje de los municipios colindantes”.

martes, 5 de enero de 2021

Santos segovianos para tiempos de pandemia: Alfonso Rodríguez

JESÚS FUENTETAJA SANZ -  El Adelantado de Segovia -1 noviembre, 2020



San Alfonso Rodríguez, Catedral de Segovia. Kamarero.

Pretendía escribir hoy sobre otras cuestiones, con las que pudiéramos olvidar momentáneamente el calvario en el que estamos sumidos y en donde parece imposible dar comienzo un artículo, sin hacer referencia a lo que el lector espera leer, aunque no le queden apenas ya ganas, ni siquiera intenciones para hacerlo; saturado, como debe estar, con la sobreabundancia de información acerca del innombrable mal, que sigue sobrevolando con su amenaza sobre nuestras cabezas. También posiblemente cansado de no entender las decisiones que vienen adoptando nuestros dirigentes, que cada vez dan tanto miedo con lo que hacen, como con lo que intentan evitar hacer ¡que se equivoquen los demás!

Me parecía oportuno distraerme de las preocupaciones que venimos soportando, hablando, por ejemplo, del ciclo festivo de San Frutos, que todos los años nos congrega en el trascoro de la catedral con su célebre villancico y que este año se le ha sacado a pasear al aire ¿más saludable? de la Plaza Mayor. Pero resulta que de San Frutos ya habló y bien el pasado domingo y en estas mismas páginas, el maestro Antonio Horcajo, como suele hacer siempre que nos viene a recordar episodios de la historia de Segovia. Segovia, a la que añora desde su domicilio madrileño, imaginándose con la contemplación de los árboles del Retiro, que son los pinos de Valsaín los que aparecen ante su vista.

Leyendo el documentadísimo artículo de Antonio, caí en la cuenta que al igual que a los seis días de Nochevieja vienen a visitarnos los Reyes, aunque solo para los que seguimos creyendo en ellos; seis días después de San Frutos le llega el turno a otro santo segoviano: Alfonso Rodríguez, que junto a los dos hermanos del eremita: Valentín y Engracia, constituyen todos el cuarteto de nuestra particular hagiografía segoviana, si no incluyéramos en ella a San Geroteo, el primer obispo de Segovia según la tradición, aunque seguramente de origen helénico. El día 31 de octubre celebra la iglesia católica la festividad de San Alonso o de San Alfonso Rodríguez, que de las dos maneras es conocido por tratarse de dos variantes casi imperceptibles del mismo nombre. Fue un 31 de octubre del lejano año de 1617 cuando Alonso/Alfonso cerró los ojos a su vida terrenal en la lejana Palma de Mallorca, a donde su vocación de siervo del Señor le había llevado treinta y dos años atrás, para hacerse cargo como coadjutor de la portería del colegio de los jesuitas de Monte Sión, puesto que por la tardía edad con la que afrontó su vocación religiosa, fue rechazado para recibir las órdenes mayores: “Si no podemos admitirle como sacerdote, admitámosle como santo”, comentó el rector del seminario de los jesuitas de Valencia en donde finalmente recaló, después de no haber sido admitido en el de su Segovia natal y momentos antes de embarcarle para la isla de Mallorca.

La premonición se cumplió y en aquella portería encontró abierta nuestro paisano la puerta por la que se accede a la santidad. Allí se convirtió en el santo de lo cotidiano, de lo que sucede cada día, del servicio diario a la fe que profesó; sirviendo a Dios a través de los demás a quienes trataba como si el mismo Jesucristo hubiera vuelto a la tierra. “Ya voy, Señor”, contestaba a cualquiera que se acercara a llamar a su portería. Fue canonizado el día 15 de enero de 1888 por León XIII, el primer Papa que promulgó una encíclica de contenido social (‘Rerum Novarum’) y después de que concluyera un lento proceso de beatificación, retardado por los enfrentamientos surgidos por entonces entre los jesuitas y el Papado, que acabarían con la supresión de la Orden por Clemente XIV en 1773. Hubo que esperar al restablecimiento de la Compañía por Pio VII, ya entrado el siglo XIX, para que León XII le pudiera proclamar beato el día 31 de julio de 1824, en que se celebraba la fiesta de San Ignacio de Loyola. La ciudad de Segovia celebró con toda solemnidad la subida a los altares de Alfonsus, nombre latinizado con el que aparece en el Decreto de Canonización. ¡Hasta novillos se corrieron en la Plaza Mayor!, sin que faltaran voladores, fuegos artificiales, luminarias y me imagino que tampoco los churros y buñuelos, que aportarían un olor diferente al de la santidad que se celebraba.

Había nacido Alfonso en Segovia en torno al año 1531 y durante algún tiempo vivió en la casa familiar de la plaza de Día Sanz, en donde una placa de cerámica recuerda ahora este hecho. Al producirse la muerte de su progenitor, tuvo que dejar los estudios en Alcalá de Henares para hacerse cargo del negocio de fabricación de paños que regentaba su familia. Luego se casaría y tendría hijos, pero las desgracias se fueron precipitando una tras otra. La crisis del mercado de la lana a mediados del siglo XV, arruinó su negocio; luego fallecerían su mujer y sus hijos y es a partir de aquí cuando brota en él la semilla que había sembrado en su pubertad el cofundador de la Compañía de Jesús, Pedro Fabro, durante su estancia en Segovia. Fabro se habría hospedado en una alquería propiedad de los padres de Alfonso cercana a la ciudad, posiblemente próxima al barrio del Sotillo de la Lastrilla, cuya iglesia está puesta precisamente bajo la advocación del santo. A todas estas desgracias debe añadirse la propia circunstancia de verse obligado a salir de su tierra para poder cumplir su vocación. ¿A que nos suena esto? ¿Cuántos segovianos a lo largo de nuestra historia se han visto obligados a seguir los pasos del santo, para encontrar fuera lo que aquí se les negaba?

La vida y la obra de San Alfonso están fundamentadas en hechos ciertos y verídicos, que no precisan de leyendas ni de tradiciones para fundamentar su contenido. Hace tres años, con ocasión de cumplirse el cuarto centenario de su muerte, la Diócesis de Segovia elaboró un amplio programa de actividades para dar a conocer entre nosotros las bondades de una y otra, que concluyeron con la edición de un libro recopilatorio de más de trescientas páginas y con la instauración de un premio anual que lleva su nombre, que permita reconocer la trayectoria de aquellas personas, que con una labor callada, hubieran dedicado su tiempo a las tareas de colaboración con la acción pastoral de la Iglesia y a favor de la sociedad religiosa segoviana. La entrega del premio se realiza el mismo día 31 de octubre y este año se cumple ya la cuarta edición. En esta ocasión, será entregado, a título póstumo, a los familiares de Pilar Jiménez Huertas, feligresa de Palazuelos de Eresma, fallecida hace unos meses atrás.

Otra distinción se echa en falta, y es que muy bien a San Alfonso/Alonso Rodríguez podrían acogerle como santo patrón protector aquellos segovianos que, como él, emprendieron la égida de estas tierras. Estoy seguro que no encontrarían a nadie que comprendiera mejor sus cuitas. Tampoco estaría de más que el santo del barrio de El Salvador pudiera ayudar temporalmente ahora con esto de la pandemia. Podría convencer a Frutos, Valentín y Engracia, para ir juntos a consultar a Roque, que ya tiene experiencia en estas cosas y podría aconsejarles cómo proceder mejor para la ocasión.